
[de Giuseppe De Marzo en L'Unità del 10 de diciembre de 2011] Nada de hecho. Mientras escribimos quedan poquísimas horas para la conclusión de la COP17 sobre el clima. Aquí en Durban se “celebra” el enésimo fracaso. La Conferencia de las Partes, nacida dentro del Programa Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, tenía y tiene como objetivo central la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que han provocado la alteración del clima y que constituyen la más grave amenaza para la humanidad.
Para ello tuvo que responder a la COP 17 en Durban. No lo ha hecho. La cumbre del clima está siendo bloqueada por los vetos y las exigencias del mercado y de las grandes corporaciones interesadas en que nada cambie. Y se sabe, los negocios no tienen colores ni banderas y a menudo se ponen de acuerdo. Durante dos semanas hemos asistido a las declaraciones de principios din ningún tipo de instrumento vinculante.
El acuerdo de Kyoto constituye la única arma disponible para la humanidad para obligar a los grandes contaminadores a reducir sus emisiones. Es impresionante constatar como el único tratado que existe haya sido sepultado en el continente que más pagará, de inmediato, los costes ambientales y sociales del caos climático. Y quien dice lo contrario miente. Esta conferencia termina sin acuerdos vinculantes y una vez expirado Kyoto, el año próximo, nada podrá sustituirlo, estando así las cosas. Debemos esperar más. Quizás al 2015 o incluso el 2020.
Aquí en África la laxitud y la irresponsabilidad de la gobernanza global producirían un aumento de 7 o 8 grados en este siglo, con consecuencias apocalípticas. Todo esto esta sucediendo en el silencio de los principales medios de comunicación, algunos de los cuales se encuentra en evidentes apuro para encontrar cualquier cosa útil en el plano de la comunicación para salvar un proceso que ha tenido como único resultado el no hacer pagar a quien ha contaminado la deuda climática, ni por lo menos, obligarlos a reducir su propio peso en la atmósfera. En la COP 15 de Copenhague habían jurado los principales gobiernos, USA a la cabeza, que no habrían consentido un aumento de más de 2 grados, a partir del cual es el infierno. En ausencia de un acuerdo vinculante la temperatura aumentará más de 4 grados en este siglo: una tragedia económica, social, ecológica, migratoria, cultural.
Eso que sorprende a las asociaciones, los sindicatos, los movimientos aquí presentes, es el silencio de la política, ahora completamente adicta a la idea que sea el mercado a salvarnos de la catástrofe. Muchos, incluyendo a Europa, se aferran a la “Green Economy made in China”. El gigante chino ha dicho que está dispuesto a reducir sus emisiones sólo en 2020, mientras tanto, ofrece a todos grandes oportunidades de “business” en la “green economy”, sobre la cual está lista una lluvia de millones; 50 cada año. Pero no será este tipo de intervención, ni la tan aclamada producción de un millón de coches eléctricos, las que impedirán a la temperatura elevarse más allá de los limites tolerables. No son éstas las recetas que sirven para combinar las razones del medio ambiente con las del trabajo.
Las propuestas presentadas por la sociedad civil y la ciencia para una verdadera reconversión energética e industrial del aparato productivo, capaz de responder concretamente a estas dos grandes emergencias, han sido ignoradas. Ni siquiera sobre mecanismos de mitigación y adaptación se han hecho pasos adelante para apoyar a los países más pobres y más vulnerables, como las islas del Pacífico que están desapareciendo por la elevación del nivel del mar. La Clinton, que había garantizado 100 mil millones de dolares cada año para el Fondo Verde ha incumplido su palabra y no se sabe quién podrá el dinero y como será repartido. El Fondo debería ser gestionado por la BM, mientras la OMC expresó su interés en los intercambios tecnológicos. Dos pésimas noticias, dado el negativo papel que estos sujetos han tenido en la crisis ecológica y económica mundial.
Estamos a merced de las olas. Para evitar el naufragio sobre nuestro mismo planeta tenemos que hacer pronto y construir un nuevo campo que exprima una cultura hegemónica capaz de repensar el desarrollo a partir de los límites del planeta. No es imposible. La sociedad civil, los movimientos, los trabajadores, los campesinos y la ciencia están listos. Esperamos que la política esta vez opte por quedarse en el lado correcto.
Giuseppe De Marzo, portavoce Asociación A Sud






